Mi amigo invisible

 

Una noche cualquiera después de la tormenta sentí que al día siguiente no salió el sol. Esa noche tampoco tuvo una hermosa luna.  

Mi cabeza es un rompecabezas que al parecer, parece que las piezas no alcanzan o a veces no quieren encajar. 

Aquella noche, sentí cómo pude morir en minutos, mi corazón latió tan rápido que era inútil poder controlarlo. La sudoración, las palpitaciones, la falta de respiración, el cansancio, temblar y sentir que ya no podía más. 

¿Qué loco todo eso, no? Estar tan bien y de pronto sentir que tu mundo se viene abajo. Mi mente se convirtió en una nube roja.

Viví lo que quizás muchas personas viven o vivieron; un ataque de pánico a gran escala. No duró 10 minutos, puedo decir que estuve así por una hora. 

La presión que sentía en el pecho, era de esperar; un nudo enorme en el corazón - y es que así lo sentía-.

Todos en el mundo estamos viviendo en modo zoombie; estamos en una pandemia. Carajo, que raro suena eso. 

Creí que iba a suceder en treinta años. Me equivoque de nuevo.

A mi mente, también le jugaron una mala pasada con eso, el miedo aumentó más, las advertencias que mi cerebro registra están a mil por hora. 

¿Pero de qué me estás advirtiendo? ¿Por qué siempre tengo que pensar que algo malo va a pasar? ¿Por qué me asustas tanto? ¿Por qué no me estás dejando vivir? 

¿Por qué? es una de las tantas inútiles preguntas que siempre me hago... toda la vida lo hice, toda la vida lo normalice. 

Más tarde, la ansiedad se apoderó de mí: MI AMIGO INVISIBLE.

Y es que le digo así, porque muchas veces me trata de controlar físicamente, porque muchas veces puedo sentir cómo mis pensamientos carcomen cada parte de mi ser. 

Quizás esté enloqueciendo, pero ese quizás es una probabilidad casi, casi nula. Los locos nunca aceptan que lo están y yo, yo me defiendo.

La ansiedad tiene que ser un amigo, así de fácil: Invisible. No lo vemos, pero siempre está ahí controlando el futuro que está muy lejano. El siempre te arrastra a vivir apresurado, a no tener control de ti, a esconderte a llorar por lo que NO PASÓ, a desafiar tu instinto. 

A veces parece tan real y se siente así; dolores, miedos, palpitaciones... hay que aceptar.

Mi espiritualidad, hablar de esto con Dios, poder sentirlo de muchas, muchas maneras, me calma. ¿No crees? Yo sí lo siento.

La ansiedad es ese amigo invisible que te dirige por un callejón inhóspito y frío. Mi espiritualidad es eso que lleva a ese callejón por una calle de colores.

No quieras defenderme... NO quiero vivir en el futuro, no quiero que me apresures, no quieras controlarme. 

Disfrutemos el presente. Es un proceso, tendré muchos tropiezos, pero creo que ese amigo invisible, es solo eso. 


















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