All of my life

Madrugadas de apoyo,
mañanas de besos,
mañanas de “Te amo, que te vaya bien”.
Simplemente… eran mañanas.

El amanecer fue breve,
cegó mi alma y la partió en cuatro.
Como leí una vez,
en algún libro roto de infancia:
“Me vas perdiendo poco a poco,
así, de a poquitos”.

A veces el flashback lo borra todo,
otras veces lo revive con furia.
Como aquella última cena,
llena de rosas y risas,
de miradas largas como un suspiro.
Como correr entre vientos lentos
y frágiles.

Yo me rompía a tu lado.
Yo me partía en ellos.

Y eso es todo: recuerdos.
No podemos volver a ellos,
pero, ¡qué bien hace pensarlos!
Solo pensarlos.

Los bailes,
las noches en una sola cama,
como osos desparramados,
tiernos, melosos,
uno con el otro.
Éramos felices.

Y al final del camino,
al final del todo...
siempre estarán ellos:
los recuerdos,
como una herida dulce.

Deja que la lluvia haga lo suyo.
El sol sabrá qué hacer después.

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