Romances de Verano, romances en vano

La verdad, creo que nunca tuve un amor de verano.
De esos que empiezan en enero y acaban en marzo… o abril, con la excusa de siempre:
las clases, la falta de tiempo, la distancia, los silencios.
Game over.

No, por suerte nunca tuve uno.
No de esos que parecen sacados de película, como Diario de una pasión.
Felizmente, no hubo un Noah.

Tengo amigas que sí.
Historias preciosas, de verdad.
Como Laura.

Ella conoció a Rafael Lestres en el verano del 2009.
Año nuevo. Casa de playa.
Bailaron, conversaron, brindaron… se pasaron los números.
Todo ok.

Unos días después, él la invitó al cine.
Plan tranqui: pop corn, Dunkin’, primera cita.
Pero la besó.

Y Laura sintió más que un beso.
Sintió que se había enamorado.
Así, rápido. Como esas cosas que uno no planea.
Ambos lo sabían: estaban destinados a estar juntos.
Por la gracia del cielo, la magia de los santos o el algoritmo de Dios.

Desde ese día, inseparables.
Si no se veían, se buscaban. Si no se llamaban, se extrañaban.

Hasta que… llegó el 23 de marzo.
Rafael le dijo que no podían seguir viéndose.
Que iba a empezar clases.
Que medicina le iba a consumir todo el tiempo.
Que no podía con todo.

Laura entendió.
O eso quiso creer.
Esperó que ese "nos volveremos a ver" no fuera en realidad un "nunca más".

Hoy lo cuenta como una anécdota más.
Una historia de amor que no sobrevivió al calendario académico.
(Excusas, Laura. Porque cuando alguien quiere, busca. Siempre busca. Lo que te dijo fue para que lo dejaras en paz. Pobre imbécil).

Y es que así es el verano.
Te atrapa cuando más feliz estás.
En la brisa, el sol, el sunset, las bicis, el skate, los viajes, los días eternos y las noches infinitas.
Y justo ahí, te pica el bichito del amor.
Ese que te hace volar alto…
para luego dejarte caer con todos los efectos secundarios.

Un amor de verano es eso:
una chispa rápida, una aventura dulce, un fuego que no siempre se queda.

Ojo: no digo que todo amor que empieza en enero muera en marzo.
Pero pasa.
Me lo han contado tantas veces. Mis amigas. Hasta mi mamá.

Y como dice la canción:
"Sí, solo eso fue… un amor de verano, un amor en vano".

Pero son lindos.
Te hacen reír, hacer locuras, sentirte viva.
El bichito de enero, febrero, marzo...
Y si tienes suerte, abril también.












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