Carolina y la Soledad

Se mira al espejo, se nota algo delgada, algo pàlida, algo loca tambièn. Desde que sus padres se separaron, ya no lucha por nadie, ella ya no es la misma vigorosa chica de antes, a la que todos querían tener como amiga. La mejor amiga, se habìa ido, ahora ella se siente increìblemente sola, sin nadie a su lado, jodida porque nadie la quiere como ella espera. Exquisita en gustos, y es por eso que nunca encontrarà a nadie que la haga sentir en el edèn que ella siempre quiso pisar. Jamàs.

Se peina, como siempre, pero su cabello esta tan deshecho por los dìas de tanto llorar, llorar y llorar y secar sus làgrimas con ese cabello que tan solo puede consolarla.  Y que siempre lo hace, misma Maria Magdalena. 
Se acerca un poco mas al espejo, se acerca y observa que aquellas ojeras son jodidamente grandes y moradas, ya están moradas, de tanto llorar por las noches, de tanta soledad en ella.
Se va, se sienta junto a su cama, y recuerda frases como aquellas que alguna vez la hicieron sentir en el paraíso  en un falso paraíso de mentiras " Te amo" " No te vayas nunca de mi" " No te dejaremos Caro, no te dejaremos, estamos juntos en esto", se agarra la cabeza, los hunde junto con sus brazos y mira hacia el piso, no puede creer que ahora viva sola en ese gris y vil departamento. Y mata el tiempo leyendo, mata el tiempo trabajando horas y horas en ese maldito trabajo que la deja muy matada y sin ganas de nada. Luego tiene que ir a la universidad a estudiar cuatro horas màs, luego seis al dìa siguiente. Se siente sola, sola y todo el mundo se abalanza hacia ella. Siempre pierde el control, nunca puede encontrar un puto equilibrio, porque esta cansada de todo. Cansada de la gente, la gente es muy hipòcrita, muy mentirosa y con varias caretas en la vida. Ella es diferente, y esta tan loca, muy loca. Que le asusta su obsesión por apagar las luces de su casa, por cada gota de agua que baja del caño, por esas madrugadas con gritos, debido a sus múltiples pesadillas de soledad. 

Hubo un chico en su vida, pero este se fue sin piedad de ella, dejándola sola, justo cuando sus padres habían decidido por fin separarse. Se hundiò, se refugio  se acurruco en las drogas, en el LSD, en la marihuana para cambiar su humor por uno mas risueño, con aquellos enemigos que tanto estimo algùn tiempo atràs. Estaba en la mierda, estaba pisando estiércol  cuando debía pisar manzanas encarameladas. 
La vida es como un caballo, un caballo salvaje que tienes que saber montar y cuando caes, siempre tienes que levantarte. 

Recordaba esa frase siempre, siempre. Ya era costumbre, hàbito, terminar ebria en algùn bar limeño, que siempre odio. Y que ahora lo lamenta mucho. Fue a rehabilitaciòn cuatro veces, porque no soporto un dìa mas, con todos esos locos, ya ella era una loca màs y era suficiente.
The smiths y Pink Floyd influenciaron mucho en ella, pero pink floyd solo estuvo en los dìas de LSD, y The smiths en los dìas de rehabilitación. 
Ella sonrìe a pesar de todo, sus amigas siempre la visitan, pero siente que aun falta algo, falta... algo de amor quizà. Ni ella lo sabe.
Su rutina la enferma, su obsesión la aniquila y las noches la entierran en oscuros ataúdes. 
Ella no entiende al resto, tampoco quiere entenderlos, es muy callada, tímida con sus sentimientos y con la gente en general. 
La experiencia la mata, y siempre sale por las noches oscuras e iluminados rincones solitarios, a fumar algunos puchos. Cajetilla de veinte, para ser exactos, cada noche diez, coca cola. Y el submarino.
Ella es felìz, porque la soledad la acompaña y se sienta junto a ella cada noche- madrugada. El parque ya la conoce, los àrboles le seden sus ramas, para que ella pueda finalmente dormir en ellas, y jugar. 
Carolina esta al borde de la muerte, pues sus padres ya no están con ella, su mundo de fue abajo, nunca pudo encontrar al amor de su vida, nunca tuvo èxito en eso. Y sus dìas son repetitivos, cada cigarro la consume mas, consume su vida y su cuerpo va desapareciendo. Sus ojeras son notorias y su sonrisa se ha quebrado con el paso de los años, sus canas ahora, son notorias. El àrbol sigue siendo el mismo viejo de siempre, pero esta vez el ha envejecido con Carolina. 

Este caballo se ha caído, la ha botado para no recogerla jamàs. Ella ha muerto, ella falleció un dìa de aquellos, un dìa de invierno, gris y frìo. Ella jamàs volverá y lo sabe, sabe que su soledad se quedo en aquel rustico departamento y se instalo en aquel parque, con ese viejo y desteñido àrbol que mira a todos pasar... 















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